BIGLO FLEMA: UN RECORREGUT CULINARI

Pol Crosas feat. Nuevos Mamuts

Soy el Ferran Adrià de la cocina.

No conoces el oficio: petar orugas.

En este documental, Doblar fechas en prisma dos, me acompañaréis por las ruinas de El Bulli, las cuales, ey, va, SO, relinchan. Entremos.

El restaurante empezó como un póster de Dumbo al que se le lanzaban ratas. Para ver lo que queda de él, apartemos la telaraña que cuelga desde hace días en mi casa: me ponía nervioso, ya podemos volver a El Bulli.  Fue al cabo de un año cuando, al conjunto, le pusieron la primera silla, a la que llamaron.

De decoración de centro de mesa, enfoquemos estos polvos, tenían la visera del Petri, que se iba fracturando con cada cucharada que ibas tomando. Si bajamos la voz aquí, en el salón principal, quizá aún podremos percibir que, en las filas anteriores a picas grasas, se oía Extreme umami; mientras que, en las posteriores, se oía la descarga de Croacia por WeTransfer (con Dubrovnik recién bajada, iban por el 40%).

Buena parte del éxito del restaurante se debía, en realidad, a Fufu Goliador y al Handjobs, blat cocineros que trabajaban, como si los viera ahora, el uno rompiendo liturgia a pisa mojada, el otro escapando en la basura. Del primero es la autoría del famoso plato de untar las últimas cuevas en las que se escondió Serrallonga sobre la revista Turbina y, a continuación, pegarle un puñetazo al Handjobs con la letra ese de _egovia (la debe estar usando justo ahora).

La decadencia empezó cuando los comensales se hartaron de los disparos constantes del equipo de cocina contra copas como esta, con las cuales brindaban por (explosión) no hay manera: ahí siguen, atrincherados, sin entregar las armas. Lo más grave fue descubrir. CONTINÚO: que el citado equipo, cuando tenías dieciocho años, te obligaba a elegir entre doblar la legaña púrpura.

En cuanto a Ferran Adrià, era sabido que cada mañana obstaculizaba su entrada en El Bulli amontonando figuras de plástico del Yeti sacando dinero en su ropa interior: no cabía por la puerta. Pero Ferran Adrià soy ignífugo como la gauss-gasa de Miqui Puig. Por eso seguía al mando.

Yo, que, sin llegar nunca a blat, estuve un tiempo en el equipo, fui bautizado aquí como Bicnutre el Teferi, el agusfornite2004 de los MOBA en marea baja; y, en lugar de vengarme, me tendrían que haber llamado el Magnánimo, les propuse la medida que enderezaría la situación: «Vaciad el local para colocar en el centro a Pico Muffa (el seudónimo de monetizar al nadó abrillantador) para que vaya indicando por dónde escapará el nuife».

Tras fundar el día 2 acicalando ascuas, de El Bulli tan solo quedó mi colección INCOMPLETA de equinoccios (me falta la primavera del 981 a. C.) y fundar el día 2. Adrià no escuchó entonces ni, con otros retos por delante, lo hará ahora. Acaba de presentar, no descansa, su nuevo proyecto: «gufe dofe».

Resignado, lágrimas de rabia, me despido hasta el programa de la semana que viene, en el que nos entretendremos.